La seguridad local atraviesa un momento de transformación en el que los modelos tradicionales comienzan a mostrar sus límites frente a una realidad urbana cada vez más compleja. En este contexto, el uso del dato en la decisión policial adquiere una relevancia fundamental para responder a estos desafíos.
En una ciudad como Badalona, integrada en el entorno metropolitano de Barcelona y con dinámicas propias en materia de seguridad y convivencia, las Policías Locales están llamadas a asumir un papel más activo en la gestión integral de la seguridad, incorporando nuevas capacidades vinculadas al análisis del dato, la anticipación de riesgos y la optimización de recursos.
Óscar Parada Pérez, Intendente Mayor Jefe de la Guardia Urbana de Badalona, aborda en esta entrevista cómo se está produciendo esta evolución desde la práctica operativa, donde el dato deja de ser un elemento accesorio para integrarse directamente en la toma de decisiones policiales.
La Guardia Urbana de Badalona se sitúa así en un escenario de adaptación progresiva hacia un modelo en el que la información, correctamente tratada y contextualizada, refuerza la capacidad del mando sin sustituir el componente esencial del servicio público: la proximidad, el conocimiento del territorio y el criterio profesional.

USECIM: Desde su perspectiva como mando policial, ¿considera que el modelo actual de seguridad local en España responde a la realidad operativa de las ciudades o está claramente superado por la evolución que ya se ha producido en la práctica?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Creo que el modelo de seguridad local en España ha tenido una evolución muy importante en la práctica, pero no siempre ha ido acompañado de una actualización normativa, organizativa y competencial al mismo ritmo.
Las ciudades han cambiado mucho. Hoy hablamos de seguridad, pero también de convivencia, movilidad, ocupación del espacio público, vulnerabilidad social, actividades económicas, incivismo, emergencias, grandes eventos, nuevas tecnologías y fenómenos delictivos con una clara incidencia en el ámbito urbano.
En este contexto, las Policías Locales estamos asumiendo desde hace años una responsabilidad muy superior a la que tradicionalmente se nos atribuía. Somos el cuerpo policial más próximo, el que mejor conoce el territorio y el que recibe de forma más directa la demanda ciudadana.
El modelo de seguridad local necesita adaptarse a una realidad que ya existe sobre el terreno.
No se trata de sustituir a nadie ni de invadir competencias, sino de reconocer que la seguridad local es una pieza esencial dentro del sistema de seguridad pública. Y esa pieza debe contar con recursos, información, tecnología, formación y capacidad organizativa suficientes para dar respuesta a las necesidades reales de las ciudades.
USECIM: En ese escenario, ¿qué papel deberían asumir las Policías Locales dentro de un modelo más actualizado de seguridad pública?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Las Policías Locales debemos asumir un papel más activo, más estratégico y más integrado dentro del sistema de seguridad pública.
Históricamente se nos ha identificado con la proximidad, la convivencia y la movilidad, y eso sigue siendo fundamental. Pero la proximidad hoy no puede entenderse solo como presencia en la calle. La proximidad también es conocimiento del territorio, capacidad de anticipación, análisis de lo que está pasando y respuesta adaptada a cada barrio y a cada realidad.
Las Policías Locales debemos tener un papel clave en la prevención, en la detección temprana de problemas, en la gestión de conflictos, en la protección de los espacios públicos y en el trabajo coordinado con el resto de cuerpos policiales. Para ello necesitamos estar conectados a la información, participar en los espacios de coordinación y disponer de herramientas que nos permitan planificar mejor.
Ninguno de estos elementos por separado es suficiente, pero juntos permiten una policía más eficaz, más cercana y más útil para la ciudadanía.
En este nuevo escenario también gana importancia la figura del analista policial. No basta con tener datos, cámaras o sistemas tecnológicos; hace falta alguien que sea capaz de ordenar esa información, interpretarla, detectar patrones y traducirla en conocimiento útil para la toma de decisiones operativas.

USECIM: La coordinación entre Policías Locales, cuerpos autonómicos y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es uno de los puntos más recurrentes del debate. Desde su experiencia directa, ¿responde realmente a las necesidades del servicio o sigue existiendo una brecha entre el discurso institucional y la realidad sobre el terreno?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: La coordinación ha mejorado mucho, y sería injusto no reconocerlo. Existen espacios de colaboración, canales de comunicación y experiencias muy positivas entre cuerpos policiales. En el día a día, los agentes de diferentes cuerpos trabajan juntos en muchas ocasiones con profesionalidad y lealtad institucional.
Ahora bien, también es cierto que todavía existe una distancia entre el discurso institucional y algunas realidades operativas. La coordinación no puede depender únicamente de la buena voluntad de las personas o de relaciones personales entre mandos. Debe estar estructurada, protocolizada y adaptada a las necesidades reales del servicio.
Para una Policía Local, la información es esencial. Si somos el cuerpo que está diariamente en la calle, que conoce los barrios, que detecta problemas de convivencia, puntos de conflictividad o dinámicas delictivas, necesitamos poder acceder a información útil y compartir también la que generamos.
Es entender que la seguridad pública funciona mejor cuando cada cuerpo aporta desde su ámbito, pero dentro de una visión común.
USECIM: En el caso de Badalona, ¿cuáles son actualmente los principales retos operativos a los que se enfrenta la Guardia Urbana?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Badalona es una ciudad compleja, extensa, diversa y plenamente integrada en el entorno metropolitano de Barcelona. Eso genera retos muy importantes para la Guardia Urbana.
Tenemos retos vinculados a la seguridad ciudadana, a la convivencia, al uso intensivo del espacio público, a la movilidad, a la presión sobre determinados barrios, a la actividad comercial, a los eventos, a la protección de equipamientos y también a situaciones de vulnerabilidad social que, en muchas ocasiones, tienen una primera respuesta policial.
Uno de los grandes retos es ser capaces de priorizar bien. La demanda ciudadana es creciente y los recursos siempre son limitados. Por eso necesitamos una organización que no funcione únicamente de forma reactiva, sino que sea capaz de analizar, anticipar y dirigir mejor sus esfuerzos.
Otro reto importante es adaptar la estructura de la Guardia Urbana a las necesidades actuales. La ciudad no es la misma que hace años y la policía tampoco puede organizarse como si lo fuera.
A este escenario se suma un proyecto estratégico de ciudad muy relevante: la implantación progresiva de más de 600 cámaras de seguridad, videovigilancia, lectura de matrículas y control de tráfico en puntos sensibles.
Más allá de la tecnología, este avance redefine el modelo de seguridad urbana al optimizar la capacidad preventiva y la respuesta operativa. No obstante, el verdadero reto reside en la transformación organizativa: procesar este volumen de datos para convertirlos en inteligencia accionable.
El objetivo es claro: mejorar la seguridad objetiva y, al mismo tiempo, fortalecer la percepción de seguridad de la ciudadanía.

USECIM: ¿Con qué estructura y dimensión de plantilla cuenta actualmente el cuerpo y hasta qué punto considera que se adecúa a las necesidades reales del servicio?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Actualmente, la Guardia Urbana de Badalona cuenta con 244 efectivos reales en servicio. Además, tenemos 25 aspirantes en fase de formación básica en el ISPC que, una vez se incorporen, permitirán situar la plantilla operativa en torno a los 269 efectivos.
La estructura vigente estaba dimensionada en 306 plazas, pero esta pasada semana se aprobó una ampliación de 50 plazas más, lo que supone un paso muy importante para reforzar el cuerpo y adecuarlo mejor a las necesidades actuales de la ciudad.
Aun así, Badalona, por población, extensión y complejidad, necesita seguir creciendo en plantilla. El objetivo debe ser avanzar en una segunda ampliación de otras 50 plazas, para acercarnos a una cifra próxima a los 376 efectivos, que sería una dimensión más adecuada para una ciudad de más de 230.000 habitantes.
Por tanto, la ampliación aprobada es una muy buena noticia y un avance necesario, pero debe formar parte de un proceso progresivo. Necesitamos más efectivos, pero también una estructura mejor adaptada, con capacidad operativa, mandos suficientes, unidades especializadas y nuevos perfiles vinculados al análisis de datos y a las nuevas tecnologías.
USECIM: En un entorno urbano con demandas crecientes en materia de seguridad, convivencia y movilidad, ¿cómo se adapta la organización para dar respuesta sin comprometer la calidad del servicio?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: La adaptación pasa por ordenar prioridades, revisar procedimientos y orientar los recursos hacia donde realmente generan más impacto.
Una organización policial moderna no puede limitarse a responder una incidencia detrás de otra. Debe tener capacidad de análisis, planificación y evaluación. Tenemos que saber qué está pasando, dónde está pasando, cuándo está pasando y qué respuesta policial funciona mejor en cada caso.
La incorporación de nuevas tecnologías, especialmente sistemas de videovigilancia, lectura de matrículas, análisis de imágenes, cuadros de mando e inteligencia artificial, exige una evolución interna profunda. No basta con el despliegue tecnológico; el reto es su integración en la operativa diaria. Esto implica definir protocolos robustos, especializar a los agentes y asegurar que la información captada se transforme en inteligencia útil para la planificación y la respuesta policial.
En Badalona estamos trabajando decididamente en esa dirección: reforzar la planificación operativa, mejorar el uso de la información, avanzar en nuevas tecnologías y modernizar la estructura interna para que sea capaz de absorber y procesar estas nuevas capacidades tecnológicas.
Esto no significa renunciar a la esencia de la Policía Local; al contrario, es la forma de protegerla. Para preservar la proximidad y la presencia efectiva en la calle, debemos liberar a la organización de inercias obsoletas, dotándola de herramientas que multipliquen nuestra eficiencia.

USECIM: En los últimos años se ha producido un incremento exponencial de la información disponible. Desde su experiencia, ¿dónde reside el verdadero valor del dato en el ámbito policial?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: El valor del dato no reside en la acumulación de información, sino en la capacidad de convertir esa información en conocimiento útil para tomar mejores decisiones.
En el ámbito policial recibimos y gestionamos un volumen ingente de inputs: llamadas, denuncias, incidencias, requerimientos vecinales, actuaciones, informes, imágenes, datos de movilidad, datos de ocupación del espacio público, puntos de conflicto, horarios, reincidencias o patrones territoriales. Sin embargo, toda esa información, si no se procesa y se analiza, puede acabar siendo simplemente ruido. El verdadero valor aparece cuando somos capaces de detectar patrones e interpretar tendencias para orientar los recursos de forma más inteligente.
El valor del dato no está en acumular información, sino en transformarla en decisiones operativas.
En nuestro caso, con el despliegue previsto de más de 600 cámaras en la ciudad, este enfoque cobra todavía más importancia. Vamos a disponer de una cantidad de información muy superior, procedente de imágenes, matrículas, movilidad, ocupación de espacios y zonas sensibles. El reto no será únicamente captar información, sino saber tratarla de forma inteligente, segura y proporcionada para que actúe como un multiplicador de la eficacia policial.
En este proceso, la figura del analista resulta imprescindible. Es el perfil capaz de transformar el dato bruto en conocimiento operativo, conectando variables aparentemente inconexas para ofrecer al mando una visión nítida sobre la que decidir.
La experiencia del mando y del agente sigue siendo imprescindible, pero cuando esa experiencia se apoya en evidencia empírica, la decisión operativa alcanza una calidad superior.
Para mí, el dato solo cobra sentido cuando impacta positivamente en el servicio en la calle. Si esa inteligencia no llega a ayudar al agente, al mando y, en última instancia, al ciudadano, entonces es solo tecnología sin propósito.
USECIM: ¿Qué importancia tiene el filtrado y el análisis frente a la mera acumulación de información?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Es una distinción crítica. En la era de la hiperconectividad, el desafío policial no es la carencia de información, sino el riesgo de infoxicación: la incapacidad de distinguir el dato relevante del ruido.
Esto será especialmente importante con la implantación de nuevos sistemas tecnológicos. Una red amplia de cámaras puede aportar mucho valor, pero si no existe un buen filtrado, una adecuada capacidad de análisis y unos criterios claros de uso, se corre el riesgo de generar saturación en lugar de inteligencia operativa. La clave está en transformar imágenes y datos en conocimiento policial útil.
Una organización policial puede tener bases de datos masivas y, sin embargo, fracasar en la toma de decisiones si carece de capacidad analítica. El análisis permite separar lo anecdótico de lo tendencial, eliminando sesgos y permitiendo una priorización basada en el rigor.
Por ejemplo, una zona puede generar mucha sensación de inseguridad, pero la respuesta profesional exige datos precisos: tipología de incidentes, franjas horarias críticas, recurrencia y eficacia de intervenciones anteriores. Solo con este desglose podemos determinar si la solución requiere presencia preventiva, una actuación específica, coordinación con otros servicios municipales o un dispositivo policial más intensivo.
En este punto, la figura del analista deja de ser complementaria para convertirse en una pieza estratégica. Su función es garantizar que la información no muera en una base de datos, sino que fluya hacia el mando y las unidades de calle como una herramienta de planificación real.
Por ello, la unidad de análisis será una pieza esencial en la estructura de las organizaciones policiales modernas.

USECIM: ¿En qué medida considera que las Policías Locales están avanzando hacia un modelo de seguridad basado en evidencia?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Creo que estamos avanzando, aunque de forma desigual. Hay Policías Locales que ya han incorporado unidades de análisis, mapas de calor, sistemas de información geográfica, cuadros de mando o modelos de patrullaje dirigido. Otras todavía están en fases más incipientes de digitalización y análisis estratégico.
Sin embargo, la tendencia es clara. La complejidad urbana actual hace que sea imposible gestionar la seguridad exclusivamente desde la percepción subjetiva o la reacción inmediata. Las ciudades demandan respuestas más precisas, y eso exige evidencia empírica.
La seguridad basada en evidencia no significa deshumanizar la labor policial ni convertir el servicio en una cuestión estadística. Significa utilizar la información para validar qué tácticas funcionan y cuáles no, rompiendo con la inercia de “hacer las cosas porque siempre se han hecho así”. Se trata de sustituir el ensayo y error por una planificación fundamentada.
En Badalona, nuestra apuesta es avanzar por esta vía de forma progresiva, realista y útil. No buscamos implementar tecnología por estética institucional, sino construir una organización con mayor capacidad de lectura de la realidad.
Para lograrlo, las herramientas son solo una parte de la ecuación; la otra son las personas. Necesitamos perfiles profesionales capaces de interpretar esos datos.
USECIM: ¿Cómo se está integrando el análisis de datos en la planificación operativa diaria de la Guardia Urbana de Badalona?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Lo estamos integrando como una herramienta de apoyo a la decisión operativa. Es decir, no como algo separado del servicio diario, sino como una parte cada vez más relevante de la planificación.
La metodología consiste en procesar de forma agregada la información sobre incidencias, franjas horarias críticas, zonas de mayor demanda, puntos de conflictividad, evolución de determinados fenómenos y necesidades específicas de cada territorio. A partir de ahí, se pueden orientar mejor los recursos, definir prioridades y dimensionar los dispositivos.
También estamos trabajando en una visión más estructurada del patrullaje dirigido. Eso implica que determinados servicios no se planifiquen solo por rutina o mera disponibilidad de efectivos, sino mediante una hoja de ruta basada en datos.
El propósito es doble: que el mando decida con mayor criterio y que el agente en la calle sepa exactamente por qué se encuentra en un punto concreto, qué debe prevenir y qué información relevante debe reportar tras el servicio para cerrar el ciclo.
En este sentido, la futura integración de sistemas de videovigilancia, lectura de matrículas e inteligencia artificial será el catalizador de este proceso. Nos permitirá detectar patrones de movilidad, identificar puntos de reiteración de incidencias, apoyar dispositivos en zonas sensibles o mejorar la reacción ante determinados hechos, siempre bajo supervisión policial y con pleno respeto al marco legal.
Para nosotros, la mejora continua es esencial. Sin una cultura de evaluación posterior, es imposible determinar la eficacia real de nuestras intervenciones y seguir mejorando el servicio que prestamos a la ciudad.

USECIM: ¿Qué papel juegan herramientas como los mapas de calor o el análisis de franjas horarias en la toma de decisiones sobre el despliegue policial?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Juegan un papel estratégico, siempre que se interpreten correctamente.
Los mapas de calor permiten visualizar de forma intuitiva y rigurosa la concentración espacial de determinadas incidencias, mientras que el análisis cronológico nos ayuda a identificar ciclos temporales. Al correlacionar ambas variables, podemos optimizar mucho mejor el despliegue policial.
Esto es especialmente importante en una ciudad como Badalona, donde las dinámicas pueden variar mucho entre barrios, horarios y días de la semana. No todas las zonas presentan la misma casuística ni requieren la misma respuesta.
La información procedente de cámaras y sistemas inteligentes puede enriquecer estos mapas de calor, permitiendo una lectura más completa de la ciudad. No se trata solo de saber dónde se produce una incidencia, sino de entender cómo se mueve el problema, qué horarios concentra, qué factores lo acompañan y qué respuesta policial puede ser más eficaz.
Ahora bien, estas herramientas no pueden sustituir el conocimiento del territorio. Un mapa de calor nos señala el “dónde” y el “cuándo”, pero el agente que trabaja en la calle puede explicar por qué sucede, qué factores influyen y qué respuesta puede ser más adecuada.
La tecnología aporta visión y datos; el profesional aporta el contexto y el criterio. La buena decisión nace de combinar ambas cosas.
USECIM: ¿Hasta qué punto el patrullaje dirigido permite anticipar incidencias y optimizar los recursos disponibles?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: El patrullaje dirigido es una herramienta clave para maximizar la eficacia operativa, especialmente cuando los recursos son limitados y la demanda es alta.
No se trata solo de patrullar más, sino de patrullar mejor. Si sabemos que determinados problemas se concentran en unas zonas, en unas franjas horarias o en determinados días, podemos orientar la presencia policial de forma más preventiva y menos reactiva.
En muchos casos, una presencia bien planificada puede evitar incidencias, reducir la conflictividad o mejorar la percepción de seguridad.
Además, el patrullaje dirigido permite evaluar mejor el trabajo. Podemos comprobar si una actuación en una zona concreta ha reducido las incidencias, si hay desplazamiento del problema a otro punto o si hace falta cambiar la estrategia.
Para una Policía Local como la nuestra, esto es especialmente útil porque nos permite unir proximidad, prevención y eficiencia.

USECIM: ¿Cómo conviven en la práctica el patrullaje basado en datos con el patrullaje preventivo tradicional?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Deben convivir de forma orgánica, ya que no son modelos excluyentes, sino complementarios.
El patrullaje preventivo tradicional tiene un valor incalculable. La visibilidad policial, el contacto con vecinos y comerciantes, el conocimiento profundo del territorio y la capacidad de detectar anomalías mediante la observación directa son, y seguirán siendo, pilares esenciales de la Policía Local.
Lo que aporta el patrullaje basado en datos es una capa adicional de mayor precisión al servicio. Nos permite optimizar esa presencia preventiva hacia las ubicaciones y franjas horarias donde puede tener más impacto.
No se trata de que el dato sustituya al criterio del agente. Se trata de que el dato actúe como facilitador para que tanto el mando como el agente desempeñen su labor con mayor eficiencia.
En definitiva, la policía no debe renunciar a su intuición ni a su vocación de proximidad, pero tampoco puede permitirse ignorar la información que la convierte en una organización más eficaz.
USECIM: En un contexto de creciente incorporación de inteligencia artificial y sistemas automatizados, ¿existe el riesgo de sobredimensionar el papel de la tecnología en la toma de decisiones policiales?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Sí, ese riesgo existe. Por eso es importante tener muy claro que la tecnología es una herramienta, no una finalidad.
La inteligencia artificial, los sistemas automatizados o la analítica avanzada son aliados extraordinarios, pero no pueden diluir la responsabilidad del mando ni el criterio profesional del agente. La decisión policial tiene implicaciones humanas, sociales y jurídicas, y eso exige prudencia, contexto y supervisión.
En Badalona, la incorporación de inteligencia artificial debe entenderse desde esta perspectiva. La IA puede ayudarnos a gestionar grandes volúmenes de información, detectar patrones, apoyar el análisis de imágenes, mejorar la planificación de servicios o alertar sobre situaciones que requieren atención policial. Pero su función es asistir, no decidir.
La tecnología puede ayudar a decidir mejor, pero nunca debe sustituir al criterio profesional.
La valoración final siempre debe recaer en el profesional, que es quien posee la capacidad de interpretar la norma y quien, en última instancia, rinde cuentas ante la ciudadanía.
También aquí el analista tiene un papel fundamental. La inteligencia artificial puede generar alertas o identificar patrones, pero alguien debe interpretar esa información, contrastarla, valorar su utilidad y evitar conclusiones descontextualizadas o sesgadas.
El riesgo aparece cuando se piensa que la tecnología por sí sola resolverá problemas complejos. La seguridad urbana no se puede gestionar únicamente con algoritmos. Detrás de cada dato hay personas, barrios, realidades sociales y situaciones que requieren interpretación.
La tecnología debe estar al servicio del modelo policial, no al revés.

USECIM: Se plantea la necesidad de “humanizar el dato”. ¿Qué implica este concepto en la práctica y cómo se traduce en el trabajo diario de los agentes?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Humanizar el dato significa entender que detrás de cada número hay una realidad concreta. Una incidencia no es solo una métrica en una estadística. Puede ser un vecino que tiene miedo, un comerciante que sufre problemas reiterados, una comunidad que convive con conflictos o un espacio público que necesita una respuesta integral.
En la práctica, este concepto nos obliga a trascender el indicador. No basta con cuantificar lo que ocurre; debemos analizar por qué sucede y, sobre todo, cómo afecta a la ciudadanía.
También implica escuchar a los agentes. Muchas veces el dato ratifica lo que el agente ya percibe en el territorio. Otras veces actúa como un corrector necesario frente a sesgos subjetivos. Pero en ambos casos, el diálogo entre análisis y experiencia operativa es imprescindible.
Esto es especialmente importante cuando trabajamos con tecnologías avanzadas e inteligencia artificial. Humanizar el dato también significa evitar que una imagen, una alerta o un indicador se interpreten de forma automática y descontextualizada. La tecnología puede señalar un hecho, pero el profesional debe entender el contexto y determinar la respuesta más proporcionada y eficaz.
Para mí, humanizar el dato es utilizar la información para prestar un mejor servicio, no para distanciarnos de la ciudadanía. El éxito de nuestra gestión no se mide por la sofisticación de nuestros cuadros de mando, sino por nuestra capacidad para mejorar la seguridad, la convivencia y la calidad de vida de las personas.
USECIM: ¿Cómo se garantiza que la evolución tecnológica no genere una distancia con la ciudadanía y se mantenga el enfoque de proximidad propio de la Policía Local?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Se garantiza teniendo claro que la tecnología debe reforzar la proximidad, no sustituirla.
La Policía Local tiene una identidad muy vinculada al contacto directo con la ciudadanía, y eso es irrenunciable. Las herramientas tecnológicas deben ayudarnos a estar mejor informados, a responder antes, a planificar mejor y a detectar problemas con más rapidez, pero la relación con el ciudadano sigue siendo esencial.
La proximidad no se limita a la mera presencia física; implica capacidad de escucha, mediación y resolución. Si la tecnología nos permite liberar tiempo, priorizar mejor y orientar los recursos hacia donde más se necesitan, entonces estaremos reforzando esa proximidad.
El reto está en no convertir la policía en una organización fría o excesivamente burocrática. La ciudadanía quiere eficacia, pero también requiere trato, presencia y confianza.
Por eso el equilibrio es fundamental: más tecnología, sí; pero siempre con más criterio, más presencia útil y más vocación de servicio.

Óscar Parada junto al regidor del Área de Seguridad Ciudadana, Juan Manuel Ruiz.
USECIM: Para que la analítica predictiva tenga impacto real, ¿qué condiciones deben cumplirse a nivel organizativo y operativo?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: La primera condición indispensable es la integridad y calidad del dato. Si la información de origen es incompleta o carece de rigor en su volcado, cualquier análisis posterior resultará sesgado o ineficaz.
En segundo lugar, es necesario contar con una estructura capacitada para trabajar esa información. No basta con comprar herramientas, sino consolidar una cultura organizativa orientada al análisis, con procedimientos claros y personal especializado.
La tercera condición es que el análisis esté conectado con la operativa. Si la inteligencia generada no influye en la planificación diaria del servicio, el impacto será nulo. El análisis debe llegar a los mandos y a los agentes de forma útil, comprensible y aplicable sobre el terreno.
Como cuarto pilar, la evaluación continua. La analítica predictiva no puede quedarse en señalar zonas o riesgos; debemos monitorizar si las decisiones tácticas basadas en esa información están cumpliendo los objetivos marcados.
En este proceso, la inteligencia artificial juega un rol determinante, pero solo si se integra dentro de una estrategia clara. Exige supervisión humana, criterios éticos, seguridad jurídica y una trazabilidad absoluta de las decisiones. No implementaremos IA por tendencia tecnológica, sino por su capacidad de generar valor público real en la gestión de la seguridad.
En este modelo, disponer de la figura de un analista es esencial. Es quien interpreta el dato y lo conecta con la realidad operativa. Sin este perfil, corremos el riesgo de disponer de una red masiva de cámaras e indicadores, pero carecer de la capacidad real para transformar esa infraestructura en decisiones eficaces.
En resumen: datos fiables, organización preparada, mando implicado, agentes formados, analistas que interpreten la información y evaluación constante. Sin eso, la tecnología puede quedarse en una declaración de intenciones.
USECIM: ¿Qué papel juega la formación policial en este proceso de adaptación a modelos más analíticos y orientados al dato?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: La formación es el pilar sobre el que pivota toda la transformación. No podemos exigir un cambio de paradigma en una organización si no formamos a sus profesionales en las competencias necesarias para entender ese cambio.
Esta capacitación debe ir más allá del uso técnico de una herramienta. Los mandos y los agentes deben comprender la utilidad del dato, interpretar sus matices, reconocer sus limitaciones y aplicarlos con eficacia en el servicio diario.
Asimismo, es importante fomentar una cultura de la información. Una buena actuación policial no termina cuando finaliza el servicio. La información que se genera en esa actuación puede ser muy útil para planificar servicios futuros, detectar patrones emergentes o prevenir incidentes recurrentes.
Es fundamental que el agente perciba que el rigor al volcar la información y su capacidad de aportar conocimiento del territorio tienen un impacto directo y positivo en la eficacia de toda la organización.
La formación también debe alcanzar a los nuevos perfiles profesionales que requiere una policía moderna. El analista policial no es un gestor de datos; es un profesional que debe conocer la realidad operativa, el territorio, las herramientas tecnológicas y las necesidades del mando. Su función es traducir el dato en inteligencia útil para la toma de decisiones.
Finalmente, la formación debe reafirmar un principio irrenunciable: el dato ayuda, pero no sustituye los principios básicos de la actuación policial. Legalidad, proporcionalidad, oportunidad, respeto a los derechos y vocación de servicio público siguen siendo la base.

Óscar Parada Pérez, Intendente Mayor Jefe de la Guardia Urbana de Badalona.
USECIM: A medio plazo, ¿cree que la evolución de la seguridad local vendrá marcada más por la tecnología o por la capacidad de las organizaciones para integrar correctamente esa tecnología en su operativa?
ÓSCAR PARADA PÉREZ: Sin duda, vendrá marcada por la capacidad de integración estratégica. La tecnología será accesible para todos, pero la ventaja cualitativa residirá en aquellas organizaciones que sepan transformarla en valor operativo.
La diferencia no la marcará el volumen de herramientas, sino la claridad en los objetivos: saber para qué las queremos, cómo las utilizamos y cómo las conectamos con la realidad operativa.
La diferencia no está en la tecnología, sino en la capacidad de integrarla en la operativa.
Una Policía Local puede incorporar sistemas avanzados de videovigilancia, lectura de matrículas, mapas de calor, inteligencia artificial o cuadros de mando, pero si esa infraestructura no se traduce en una mejora sustancial de la planificación y del servicio al ciudadano, su impacto será meramente cosmético.
El verdadero cambio es organizativo y cultural. Consiste en pasar de una policía predominantemente reactiva a una organización que analiza, anticipa, evalúa y, sobre todo, aprende de su propia experiencia.
En Badalona, estamos plenamente comprometidos con ese camino. El proyecto de implantación de más de 600 puntos de visión, la analítica de datos y el uso progresivo de la IA forman parte de una misma visión: una Guardia Urbana moderna, tecnificada y adaptada a los retos actuales.
Sin embargo, esa modernización solo cobra sentido si mejora el servicio a la ciudadanía. La tecnología debe ser el motor que nos permita estar más presentes donde la vulnerabilidad es mayor, anticipar conflictos en el espacio público y tomar decisiones basadas en la evidencia.
En este escenario, la figura del analista se consolida como el puente necesario. Entre el dato bruto y la decisión operativa debe existir interpretación, criterio y conocimiento experto. Ese es el espacio donde el análisis aporta su valor real.
Todo ello sin perder nuestra esencia: proximidad, conocimiento de la ciudad, rigor profesional y vocación de servicio público.
OSCAR ETXEBARRIA
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