Seguridad y emergencias en Las Palmas: su modelo operativo

Abr, 2026 | EMERGENCY

La gestión de la seguridad y las emergencias en Las Palmas de Gran Canaria ha evolucionado hacia modelos cada vez más integrados, en los que la planificación, la prevención y la coordinación operativa resultan determinantes.

En este contexto, la visión aportada por Aarón Martín Marrero, jefe del Servicio de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, permite analizar cómo una gran ciudad articula la gestión de eventos de alta concurrencia, la implantación de sistemas de autoprotección, la coordinación en tiempo real de los servicios de emergencia, la gestión de riesgos complejos —especialmente de carácter meteorológico— y la incorporación de herramientas tecnológicas avanzadas, integrando además experiencias de cooperación y transferencia de conocimiento en otros entornos.

A partir de esta realidad operativa, se plantea la siguiente batería de preguntas orientada a profundizar en los elementos clave que definen la gestión municipal de la seguridad y las emergencias desde una perspectiva técnica, operativa y de futuro.

USECIM: La gestión de una ciudad con un elevado número de eventos anuales plantea una exigencia constante. ¿Cómo se estructura operativamente un sistema capaz de dar respuesta a este volumen de actividad con garantías de seguridad?

AARÓN MARTÍN MARRERO: En este contexto, abordar con garantías cualquier evento multitudinario —e incluso aquellos de menor entidad que requieren supervisión— implica disponer de una estructura organizada en distintos niveles administrativos, tanto en el ámbito preventivo como en el operativo. En ella, la coordinación interinstitucional constituye un elemento clave para garantizar la eficacia del sistema.

En nuestro caso, esta estructura se articula a través de diversas unidades técnicas, servicios vinculados a este ámbito y la Dirección General de Seguridad y Emergencias.

La evolución en la gestión de eventos ha venido marcada por la normativa en materia de autoprotección, que ha permitido mejorar la planificación, la identificación de riesgos y la coordinación entre intervinientes.

Seguridad y emergencias en Las Palmas: su modelo operativo. Entrevista a Aarón Martín Marrero, jefe del Servicio de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria

Vista aérea en 4k de Las Palmas de Gran Canaria, Playa de Las Canteras.

USECIM: En un contexto de alta actividad, ¿cómo se priorizan recursos y se gestionan simultáneamente múltiples dispositivos sin comprometer la capacidad de respuesta ante emergencias imprevistas?

AMM: El volumen de eventos no debería suponer una sobrecarga para los servicios públicos. Cuando ocurre, normalmente responde a una mala planificación o a una implicación insuficiente de los promotores.

Por eso, es clave trasladar una idea clara: cada evento debe contar con su propio dispositivo de seguridad, dimensionado en función del riesgo.

Cuando esto se cumple, los organizadores pueden absorber incidencias menores sin activar recursos municipales. Esto permite que los servicios públicos se centren en su función principal: atender las emergencias reales de la ciudad.

Además, disponer de planes de autoprotección bien elaborados y técnicos cualificados mejora la anticipación y reduce la presión operativa.

En escenarios complejos, estructuras como el Centro de Coordinación o el Puesto de Mando Avanzado marcan la diferencia, al permitir integrar intervinientes y optimizar la gestión de recursos.

"El problema no es el volumen de eventos, sino la falta de planificación y la escasa implicación de los promotores en materia de seguridad."

USECIM: Los planes de autoprotección y seguridad se han consolidado como herramientas clave. Desde su experiencia, ¿qué papel juegan realmente en la operativa y dónde detecta mayores carencias en su aplicación práctica?

AMM: Son una herramienta esencial, pero su eficacia depende de cómo se elaboran y, sobre todo, de cómo se aplican.

En los últimos años ha mejorado la calidad técnica de los planes, pero todavía detectamos carencias importantes. En muchos casos, no se adaptan a la realidad operativa del evento o del riesgo, lo que limita su utilidad cuando se produce una incidencia.

Uno de los principales problemas es que no siempre están elaborados por perfiles con experiencia real en gestión de emergencias. Eso se nota especialmente en eventos complejos, donde la planificación debe ser totalmente operativa, no solo documental.

Además, sigue existiendo una falta de cultura preventiva en algunos actores clave, especialmente organizadores y promotores. Mientras el plan se entienda como un requisito administrativo, su impacto será limitado.

El reto es claro: pasar del cumplimiento formal a una verdadera herramienta de gestión del riesgo.

“Un plan de autoprotección solo es útil si responde a la realidad operativa. Cuando se convierte en un trámite, pierde su valor".

USECIM: En relación con estos planes, ¿hasta qué punto existe una cultura preventiva consolidada entre organizadores y promotores, o sigue siendo un ámbito en desarrollo?

AMM: Desde mi experiencia, detecto una carencia relevante en la integración de determinados agentes dentro de la cultura preventiva, especialmente en lo que respecta a organizadores, promotores y a aquellos actores de la administración pública con competencias en la autorización de actividades y espectáculos públicos. Esta falta de implicación limita el alcance real de los instrumentos de planificación.

Si partimos de la base de que los planes de autoprotección tienen como finalidad garantizar que una actividad, instalación o evento sea capaz de prevenir riesgos y responder de forma eficaz ante situaciones de emergencia, minimizando sus consecuencias, resulta necesario reforzar su comprensión más allá del mero cumplimiento formal.

En este sentido, considero prioritario avanzar en la sensibilización e implicación activa de estos actores, trasladándoles de forma clara los objetivos y la utilidad operativa de los planes. Solo a partir de una adecuada interiorización de estos principios es posible lograr una implementación efectiva y coherente con la realidad del riesgo.

Una vez consolidado este enfoque preventivo, procede abordar, en un segundo nivel, el marco de responsabilidades jurídicas, incluidas las de carácter penal, derivadas del incumplimiento de la normativa en materia de autoprotección, no como elemento principal de presión, sino como consecuencia inherente a una gestión inadecuada de la seguridad.

USECIM: Se habla de la prevención como eje del sistema. ¿Cómo se traduce ese concepto en decisiones operativas concretas dentro del servicio?

AMM: En el contexto del Estado español, se dispone de una elevada capacidad de respuesta operativa ante situaciones de emergencia, sustentada tanto en la profesionalización de los servicios intervinientes como en la implicación activa de la sociedad civil, que en numerosos episodios recientes ha demostrado una notable disposición a colaborar, como hemos comprobado en Valencia o La Palma.

No obstante, se identifica una cierta brecha entre el desarrollo de las capacidades operativas y la consolidación de una cultura preventiva plenamente integrada en todos los niveles del sistema.

En este sentido, se observa una tendencia creciente en determinados ámbitos hacia la implementación de simulacros y ejercicios conjuntos, que pueden enmarcarse en las acciones preventivas, en la medida en que permiten entrenar, evaluar y mejorar la capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia. Estas actividades contribuyen no solo a la optimización de los procedimientos operativos, sino también a la detección de deficiencias y a la mejora de la coordinación entre los distintos intervinientes.

“La prevención sigue siendo el eslabón más débil del sistema: existe capacidad de respuesta, pero no siempre una cultura preventiva real".

USECIM: La coordinación entre múltiples actores es una constante en su ámbito. ¿Qué mecanismos permiten que esta coordinación sea realmente eficaz en entornos de alta complejidad?

AMM: En grandes ciudades, como es nuestro caso, es imprescindible disponer de un centro coordinador que realice tareas de coordinación tanto en el día a día como en incidentes no rutinarios. Para ello debe disponer de todas las herramientas tecnológicas más avanzadas en materia de comunicaciones, geolocalización, independencia energética, y todo ello en un entorno seguro y no expuesto a riesgos, entre otras características.

En nuestro municipio contamos con el Centro Municipal de Seguridad y Emergencias (CEMELPA), el cual es gestionado en el día a día por la Policía Local y que, ante declaraciones del Plan de Emergencias Municipal (PEMULPA), se convierte en el Centro de Coordinación Municipal (CECOPAL). A partir de ahí nos integramos en el centro el resto de los servicios.

En materia de comunicaciones, como elemento primario que facilita la coordinación, no puede faltar el sistema TETRA (Terrestrial Trunked Radio), debiendo estar integrado en todos los servicios, no solo en aquellos con responsabilidades en materia de gestión de emergencias, sino también en otros que, ante la activación de planes de Protección Civil, deban sumarse a un dispositivo integrado.

Para ello, en la comunidad autónoma canaria contamos con la Red RESCAN (Red de Emergencias y Seguridad de Canarias), con la cual el Gobierno de Canarias puso esta infraestructura, basada en tecnología TETRA, a disposición de todas las administraciones locales para los servicios de Protección Civil, medioambiente, emergencias, Policía Local, etc.

USECIM: ¿Dónde identifica hoy las principales fricciones en la coordinación entre administraciones?

AMM: En grandes emergencias siguen apareciendo problemas de coordinación que afectan directamente a la eficacia de la respuesta.

En muchos casos, no se trata de falta de recursos, sino de conflictos de competencia, liderazgo o cultura organizativa entre los distintos servicios.

Esto puede traducirse en decisiones operativas ineficientes y en una peor atención a las víctimas.

El origen suele estar en tres factores:

  • desconocimiento entre servicios
  • falta de entrenamiento conjunto
  • ausencia de estructuras claras de mando

En situaciones de alta presión, si no hay interoperabilidad real ni una dirección bien definida, la toma de decisiones se complica y se pierde foco en lo importante: salvar vidas y optimizar recursos.

Por eso, es imprescindible reforzar la planificación conjunta, los ejercicios interagenciales y los sistemas de mando estandarizados.

“Los problemas en grandes emergencias no suelen ser de recursos, sino de coordinación, liderazgo y cultura organizativa".

USECIM: El Centro Municipal de Seguridad y Emergencias constituye el núcleo del sistema. ¿Qué capacidades operativas diferenciales aporta este modelo frente a estructuras más tradicionales?

AMM: Los centros de coordinación han evolucionado hacia modelos de gestión integral de emergencias, en los que la coordinación, la dirección operativa y la integración de recursos son elementos clave para garantizar la eficacia del sistema.

En este proceso, han pasado de ser estructuras centradas en la atención de llamadas a convertirse en plataformas complejas de gestión integral de incidentes.

En la actualidad, estos centros constituyen el núcleo funcional del sistema, asumiendo tareas de recepción, análisis, priorización, activación de recursos, seguimiento y coordinación operativa, tanto en incidentes ordinarios como en situaciones de emergencia de carácter extraordinario.

En el contexto específico de Las Palmas de Gran Canaria, como una de las principales áreas urbanas del Estado, con una población cercana a los 400.000 habitantes y una elevada presión estacional derivada del turismo, además de albergar infraestructuras críticas como uno de los puertos con mayor volumen de operaciones anuales, el escenario de riesgo presenta una elevada complejidad y variabilidad. Esta realidad exige la existencia de estructuras de coordinación robustas, con capacidad de respuesta inmediata y adaptabilidad ante distintos tipos de incidentes.

En este sentido, a partir del año 2010 se impulsó el desarrollo de un centro coordinador de ámbito municipal, concebido para la gestión de incidencias ordinarias en el ámbito urbano y, simultáneamente, como elemento escalable ante situaciones de emergencia. Bajo este planteamiento, el centro está diseñado para asumir, en caso de activación del Plan de Emergencias Municipal, las funciones propias de un Centro de Coordinación Operativa Municipal (CECOPAL), garantizando así la continuidad en la dirección y el control de la emergencia.

Este centro entra en funcionamiento en 2013, integrando de forma permanente al servicio de Policía Local, que asume su gestión operativa en régimen de servicio continuo 24/7, y contemplando la incorporación funcional, en función de la tipología y magnitud del incidente, de otros servicios municipales como el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento, Protección Civil o Urbanismo, entre otros. Este modelo responde a un enfoque de coordinación modular e integración progresiva de recursos, alineado con los principios del Sistema Nacional de Protección Civil y orientado a mejorar la eficacia en la gestión de emergencias en el ámbito local.

Seguridad y emergencias en Las Palmas: su modelo operativo. Entrevista a Aarón Martín Marrero, jefe del Servicio de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria

El centro dispone de una plataforma integral de gestión de emergencias que posibilita la coordinación tanto operativa como tecnológica con otros nodos del sistema, como el Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (CECOES) 1-1-2 y el CECOPIN (Centro de Coordinación Operativa Insular) de Gran Canaria. Esta interoperabilidad se sustenta en el intercambio continuo de información estructurada, lo que permite una óptima coordinación entre diferentes administraciones.

Si bien no se ha implantado un aplicativo de gestión de flotas como tal, en los últimos años se ha consolidado la incorporación de tecnologías de geolocalización y posicionamiento en tiempo real, aplicadas tanto a los recursos municipales como a los incidentes registrados en el término municipal. Esta capacidad facilita una visión operativa georreferenciada, optimizando la asignación dinámica de recursos, reduciendo los tiempos de respuesta y mejorando los niveles de eficacia y eficiencia en la gestión de emergencias. En todo caso, creo que aún se tiene margen de mejora en este sentido.

Por otro lado, desde su concepción, el centro integra un sistema de videovigilancia urbana que combina cámaras de tráfico y seguridad ciudadana, plenamente interoperable con la plataforma de gestión. Este sistema permite la monitorización en tiempo real de la gestión operativa, proporcionando soporte visual directo para la toma de decisiones tácticas. Asimismo, dispone de las capacidades tecnológicas necesarias para la integración de fuentes externas de vídeo, incluyendo sistemas de otras administraciones y flujos procedentes de aeronaves no tripuladas (UAV/drones) empleadas en operaciones de emergencia, lo que amplía significativamente el conocimiento situacional y la capacidad de respuesta ante incidentes complejos.

“La capacidad de integrar información en tiempo real es lo que determina, en muchos casos, el éxito de la respuesta".

USECIM: En términos prácticos, ¿cómo influye la centralización de la información y las comunicaciones en la toma de decisiones en tiempo real?

AMM: Desde la experiencia en la gestión de emergencias, la premisa de que la información es poder dejar de ser una idea teórica para convertirse en una realidad operativa. Contar con información precisa, actualizada y contextualizada marca la diferencia entre una respuesta eficaz y una actuación desordenada. En la práctica, disponer de información en tiempo real permite distinguir claramente entre intervenciones ajustadas a procedimientos previamente definidos y aquellas que, por falta de datos, terminan siendo más improvisadas y menos eficientes.

En el funcionamiento diario de nuestro Centro de Coordinación de Emergencias, se comprueba que uno de los mayores retos es integrar, depurar y validar la información que llega desde múltiples fuentes y organismos intervinientes. Esa labor, aunque a menudo poco visible, es clave para que la dirección técnica pueda tomar decisiones fundamentadas, orientadas a optimizar el despliegue de recursos, priorizar actuaciones y reducir al máximo el impacto sobre la población y el entorno.

Además, en escenarios reales se evidencia que la mayoría de las emergencias requieren la participación simultánea de múltiples agencias, cada una con sus propios sistemas, procedimientos y lenguajes operativos. Esto hace que la interoperabilidad no sea solo una aspiración técnica, sino una necesidad constante. La capacidad de integrar información diversa, mantener su coherencia y garantizar su disponibilidad en tiempo real es, en muchos casos, lo que determina el éxito de la respuesta.

Otro aspecto que, desde la experiencia, resulta crítico es el canal por el que circula esa información. No basta con tener datos; es imprescindible poder transmitirlos de forma fiable. En situaciones de alta presión, con redes saturadas o infraestructuras comprometidas, se pone a prueba la resiliencia de los sistemas de comunicación. Es en esos momentos donde se evidencia la necesidad de contar con infraestructuras robustas, seguras y preparadas para operar en condiciones adversas.

En este sentido, la implantación de tecnologías específicas de comunicaciones críticas, como la red TETRA, ha supuesto un antes y un después. Su uso en entornos reales demuestra el valor de disponer de comunicaciones seguras, priorizadas y estables, con capacidades como las llamadas de grupo, el establecimiento inmediato de contacto o la posibilidad de operar incluso en ausencia de red mediante modos directos. Son herramientas que, en la práctica, aportan un nivel de fiabilidad y control que difícilmente se puede conseguir con sistemas convencionales.

USECIM: La tecnología está cada vez más presente en la gestión de emergencias. ¿Qué impacto real está teniendo?

AMM: La tecnología está mejorando claramente la capacidad de gestión, pero su valor depende de cómo se integre en la operativa.

Hoy en día, combinar geolocalización, comunicaciones seguras y sistemas de información permite tener una visión en tiempo real de los recursos disponibles, su ubicación y su estado operativo. Esto facilita decisiones más rápidas y ajustadas a la realidad.

Sin embargo, todavía existen limitaciones. Por ejemplo, la falta de sistemas integrales de gestión de flotas reduce la capacidad de tener una visión completa y centralizada, obligando en ocasiones a trabajar con información fragmentada.

Más allá de la eficiencia, hay un aspecto clave: la seguridad. Poder enviar el recurso más cercano y adecuado no solo mejora el servicio, sino que reduce riesgos para intervinientes y ciudadanos.

En este sentido, la tecnología no es un fin en sí mismo, sino un elemento que refuerza la coordinación y mejora la toma de decisiones.

“La tecnología solo aporta valor cuando mejora la toma de decisiones; por sí sola no resuelve los problemas del sistema".

USECIM: En relación con el análisis predictivo, ¿hasta qué punto estas herramientas están permitiendo anticipar riesgos frente a modelos más reactivos?

AMM: El desarrollo de modelos predictivos basados en inteligencia artificial está transformando de forma significativa la capacidad de anticipación y gestión del riesgo en múltiples ámbitos. No obstante, incluso sin recurrir aún a estas tecnologías avanzadas, existen soluciones consolidadas que ya han supuesto un salto cualitativo en la prevención y detección temprana de incidentes. Un ejemplo representativo es el ámbito de los incendios forestales.

En este contexto, la incorporación de sistemas de videovigilancia equipados con cámaras térmicas y sensores ópticos avanzados permite la monitorización continua de grandes extensiones de terreno. Estas cámaras operan en el espectro infrarrojo, lo que les permite identificar variaciones anómalas de temperatura en la vegetación o el terreno, incluso en condiciones de baja visibilidad, nocturnidad o presencia de obstáculos como niebla ligera. A diferencia de los sistemas convencionales, no dependen exclusivamente de la detección visual del fuego, sino que pueden identificar focos incipientes mediante patrones térmicos anómalos.

Desde un punto de vista técnico, estos sistemas suelen integrarse en plataformas de supervisión que combinan análisis de imagen en tiempo real, algoritmos de detección de humo y calor, y geoposicionamiento mediante sistemas de información geográfica (SIG). Esto permite no solo detectar un posible conato de incendio en fases muy tempranas, incluso antes de que las llamas sean visibles, sino también georreferenciar con precisión el punto de origen y activar de forma automatizada los protocolos de respuesta.

El valor operativo de estas soluciones radica en la reducción drástica del tiempo de detección, que es un factor crítico en la evolución de los incendios forestales. Una detección temprana facilita intervenciones iniciales más rápidas y eficaces, minimizando la propagación del fuego, reduciendo el impacto ambiental y optimizando el despliegue de medios terrestres y aéreos.

En consecuencia, aunque la inteligencia artificial promete ampliar aún más estas capacidades mediante modelos predictivos y análisis avanzado de datos, la implementación de tecnologías como las cámaras térmicas ya constituye una herramienta robusta y madura que mejora sustancialmente los sistemas de prevención, vigilancia y respuesta frente a incendios forestales.

USECIM: La gestión de fenómenos meteorológicos adversos ha tenido un peso relevante en la actividad reciente. ¿Qué aprendizajes operativos se han consolidado tras estos episodios?

AMM: Tras el paso por las islas de las borrascas Claudia, Emilia y Therese, entre finales de 2025 y principios de 2026, hemos aprendido que debemos optimizar los recursos disponibles en el ámbito de la gestión de emergencias ante fenómenos meteorológicos adversos. También que resulta fundamental implementar mecanismos de evaluación y priorización de avisos que permitan clasificar las incidencias para garantizar una asignación eficiente de los recursos, asegurando que las intervenciones más críticas sean atendidas con la máxima celeridad.

Paralelamente, debemos hacer comprender al resto de servicios que la integración de personal voluntario debidamente formado constituye un elemento complementario de alto valor en la capacidad de respuesta del sistema. Para que su participación sea efectiva, es imprescindible que estos recursos humanos estén sujetos a programas de capacitación estandarizados, protocolos de activación claramente definidos y una adecuada coordinación con los servicios profesionales.

Asimismo, hemos observado que es conveniente facilitar formación transversal al personal perteneciente a servicios no específicamente orientados a la respuesta a emergencias, como pueden ser operarios de servicios municipales, personal de mantenimiento o incluso colectivos del ámbito social, lo que contribuye a generar una red de primera respuesta distribuida. Desde un punto de vista técnico, esta estrategia se traduce en la creación de capacidades básicas de intervención, tales como primeros auxilios, uso de desfibriladores externos automáticos (DEA), protocolos de evacuación o actuación inicial ante incendios.

En conjunto, concluimos que la combinación de una adecuada priorización de avisos, el refuerzo mediante voluntariado capacitado y la formación transversal del personal permite mejorar la resiliencia del sistema, optimizar el uso de los recursos disponibles y reducir los tiempos de respuesta, incrementando así nuestra eficacia en la gestión de emergencias.

USECIM: ¿Cómo se articula la transición entre las fases de prealerta, alerta y recuperación para garantizar continuidad operativa?

AMM: La transición entre fases o situaciones se articula mediante procedimientos operativos estandarizados que determinan qué recursos se activan, cómo se coordina la respuesta y qué medidas de protección a la población deben aplicarse en cada fase. Esto incluye desde acciones preventivas y de seguimiento en fases iniciales hasta la movilización plena de medios en escenarios de mayor gravedad.

Asimismo, el modelo operativo contempla la interoperabilidad con otros planes de emergencia activados, lo que permite una integración progresiva de estructuras de mando y recursos en función de la magnitud del evento.

Actualmente se trabaja con un modelo más homogéneo basado en tres fases —seguimiento, emergencia y recuperación— que permite una gestión más clara y continua del ciclo del riesgo.

De forma complementaria, se introducen las situaciones operativas 0, 1, 2 y 3, que permiten graduar la intensidad de la respuesta en función de la evolución del incidente y la necesidad de movilización de recursos. Este sistema aporta mayor flexibilidad y escalabilidad, facilitando la transición entre niveles sin rupturas en la cadena de mando.

USECIM: La Agrupación de Voluntarios de Protección Civil desempeña un papel significativo. ¿Cómo se integra operativamente este recurso dentro del sistema general de respuesta?

AMM: En nuestro caso, la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil está integrada en el sistema municipal de gestión de emergencias a través del Plan de Emergencias Municipal (PEMULPA), donde se configura como un recurso operativo dentro de los grupos de acción y logística, con funciones previamente definidas.

Su actuación se desarrolla bajo una estructura jerárquica clara, siempre en coordinación con el jefe de grupo correspondiente y bajo la dirección del director técnico del Plan, garantizando así la unidad de mando y la correcta integración en la respuesta operativa.

Las funciones que desempeñan varían según la fase de activación del plan y la tipología del incidente. En los últimos fenómenos meteorológicos adversos han colaborado con el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento, en coordinación con el CECOPAL, atendiendo incidencias de menor entidad (arbolado, pequeños desprendimientos) y realizando labores de primera inspección de avisos. Esta capacidad de verificación inicial permite optimizar la movilización de recursos especializados.

Además, desarrollan un papel relevante en el ámbito logístico, prestando apoyo a otros servicios municipales en tareas como señalización, distribución de medios o asistencia operativa, contribuyendo a mejorar la eficacia global del sistema de emergencias.

USECIM: ¿Qué valor diferencial aporta el voluntariado desde el punto de vista operativo y de proximidad?

AMM: Es necesario señalar que ninguna administración pública dispone, con sus medios y recursos, de capacidad suficiente para hacer frente en solitario a emergencias de gran magnitud, como pueden ser episodios de inundaciones severas, grandes incendios forestales u otras situaciones de carácter extraordinario. Este tipo de escenarios se caracterizan por una alta demanda simultánea de medios, una extensión territorial significativa y una duración prolongada en el tiempo, lo que exige la movilización de capacidades adicionales más allá de las estructuras ordinarias.

“Ninguna administración dispone por sí sola de capacidad suficiente para afrontar grandes emergencias".

En este contexto, el voluntariado de emergencias se configura como un elemento estratégico imprescindible para reforzar la capacidad de respuesta del sistema. No obstante, su incorporación debe realizarse bajo criterios técnicos y organizativos bien definidos. Su incorporación debe realizarse bajo criterios técnicos y organizativos bien definidos.

Asimismo, es imprescindible que el voluntariado esté integrado en organizaciones o entidades formalmente reconocidas y alineadas con el sistema público de protección civil. Esta integración garantiza su correcta activación, coordinación y supervisión dentro del dispositivo operativo, evitando actuaciones desorganizadas o potencialmente inseguras.

Desde una perspectiva operativa, un voluntariado formado y estructurado permite ampliar la capacidad de respuesta en tareas de apoyo, logística, primera intervención o asistencia a la población, sin interferir en las funciones de los servicios profesionales. En consecuencia, su adecuada regulación e integración no solo incrementa la resiliencia del sistema, sino que también contribuye a una gestión más eficiente, segura y coordinada de las emergencias de gran escala.

USECIM: La carga administrativa y la tramitación de expedientes también forman parte del funcionamiento del servicio. ¿Cómo se equilibra esta dimensión con la operativa diaria?

AMM: En el caso de nuestro Servicio de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, su carácter no es eminentemente operativo, sino que se orienta principalmente a funciones de planificación, prevención y control. La intervención directa en emergencias queda reservada, con carácter general, a situaciones excepcionales como la activación del Plan de Emergencias Municipal o la ocurrencia de incidentes no rutinarios de especial complejidad, por ejemplo, accidentes con mercancías peligrosas o episodios de contaminación marina como el que sufrimos tras la colisión del buque de Armas contra el Muelle de Las Palmas en 2017.

En este contexto, la actividad ordinaria de la unidad se centra en tareas de naturaleza técnica y preventiva. Entre ellas destaca el análisis, evaluación y supervisión de planes de seguridad y planes de autoprotección, verificando su adecuación a la normativa vigente, la correcta identificación de riesgos y la viabilidad de las medidas de respuesta previstas. Este proceso incluye la revisión de documentos técnicos, la emisión de informes preceptivos y, en su caso, la propuesta de medidas correctoras.

Asimismo, la unidad desarrolla funciones de asesoramiento técnico a otros servicios municipales, actuando como órgano consultivo en materia de gestión de riesgos, planificación de contingencias y diseño de dispositivos de seguridad. Esta labor resulta especialmente relevante en la organización de actividades clasificadas y espectáculos públicos, donde se lleva a cabo la supervisión de las condiciones de seguridad, aforos, planes de evacuación, dispositivos sanitarios y medidas de autoprotección exigibles.

De forma complementaria, también se realizan tareas de inspección y seguimiento para garantizar el cumplimiento de las condiciones establecidas, así como la coordinación con otros organismos implicados en la seguridad: fuerzas y cuerpos de seguridad, servicios sanitarios, protección civil, etc.

En conjunto, esta orientación preventiva permite anticipar riesgos, mejorar la planificación y reducir la probabilidad de que se produzca una emergencia, contribuyendo a un modelo de gestión más eficiente, basado en la mitigación y el control previo más que en la respuesta reactiva.

USECIM: La participación en proyectos de cooperación internacional implica transferencia de conocimiento y adaptación a otros contextos. ¿Qué aprendizajes operativos se obtienen al trabajar sobre el terreno en entornos con necesidades diferentes?

AMM: El análisis realizado de nuestro proyecto de cooperación conjunto con Casa África en Cabo Verde nos permitió extraer un conjunto de aprendizajes clave en materia de gestión de emergencias, especialmente útiles desde una perspectiva comparada y de mejora continua.

En primer lugar, constatamos la importancia de la planificación urbana estructurada como elemento determinante en la gestión del riesgo. La existencia de núcleos de autoconstrucción desordenados, sin viario definido ni infraestructuras básicas, evidencia cómo la falta de ordenación territorial incrementa exponencialmente la vulnerabilidad ante fenómenos naturales, dificultando tanto la intervención operativa como la identificación de población afectada.

Asimismo, nuestro informe posterior puso de relieve que la gestión del territorio y el mantenimiento preventivo, especialmente en cauces de barrancos, son factores críticos. La acumulación de residuos, la desertificación y la ocupación irregular del suelo agravan el impacto de episodios meteorológicos adversos, subrayando la necesidad de políticas sostenidas de prevención y mitigación.

Otro aprendizaje relevante es la necesidad de contar con procedimientos de coordinación formalizados y sistemas de mando y control definidos. La dependencia de comunicaciones informales y la inexistencia de trazabilidad en las intervenciones impiden tanto una gestión eficiente en tiempo real como la evaluación posterior para la mejora del sistema.

Finalmente, confirmamos que disponer de medios técnicos adecuados, especialmente en materia de comunicaciones, es un requisito indispensable. La carencia de redes de radio, centros de coordinación y sistemas redundantes frente a la telefonía móvil compromete gravemente la operatividad en escenarios de crisis.

En conjunto, el principal aprendizaje es que la eficacia en la gestión de emergencias no depende únicamente de la capacidad de respuesta, sino de un enfoque integral basado en la prevención, planificación, coordinación interinstitucional y dotación de recursos adecuados, elementos que deben desarrollarse de forma equilibrada y sostenida en el tiempo.

“El reto no es solo responder mejor a las emergencias, sino anticiparlas y adaptarse a un entorno cada vez más complejo".

USECIM: Desde una visión global, ¿cree que el modelo municipal de gestión de la seguridad y las emergencias está evolucionando hacia estructuras más integradas y tecnificadas?

AMM: Efectivamente, la coordinación en el ámbito de la seguridad y las emergencias constituye uno de los principales retos estructurales del sistema, especialmente en un contexto como el español, caracterizado por la coexistencia de múltiples administraciones, organismos y servicios con competencias concurrentes. Esta fragmentación competencial puede generar disfunciones operativas si no se articula mediante mecanismos eficaces de integración, interoperabilidad y mando único en situaciones de crisis. El ámbito local o municipal tampoco es ajeno a esta realidad.

La ocurrencia de grandes emergencias en nuestro país ha puesto de manifiesto la necesidad de evolucionar hacia un modelo más cohesionado, en el que la coordinación no sea únicamente formal, sino plenamente operativa. Esto implica reforzar aspectos clave como la estandarización de procedimientos, la compatibilidad de sistemas de comunicación, el intercambio de información en tiempo real y la definición clara de roles y responsabilidades dentro de estructuras de mando bien definidas.

Desde un punto de vista técnico, resulta imprescindible avanzar hacia modelos de gestión basados en sistemas de comando de incidentes, que permitan establecer una dirección única, escalable y flexible, adaptada a la complejidad del incidente. Sin embargo, soy escéptico sobre si este sistema fuera eficiente en nuestro país. Asimismo, la realización periódica de ejercicios conjuntos y simulacros interinstitucionales se convierte en una herramienta esencial para validar protocolos, detectar debilidades y mejorar la coordinación real entre intervinientes.

En este sentido, las lecciones aprendidas de emergencias recientes deben marcar un punto de inflexión en la cultura organizativa de los servicios implicados. Es necesario adoptar un enfoque orientado a objetivos, donde la prioridad absoluta sea la protección de la vida humana y la minimización de daños, por encima de cualquier otra consideración de carácter administrativo o competencial.

Esto requiere no solo mejoras técnicas y organizativas, sino también un cambio en la mentalidad operativa, fomentando la cooperación efectiva, la confianza entre organismos y la toma de decisiones ágil basada en criterios técnicos. En definitiva, avanzar hacia un sistema verdaderamente integrado, donde todos los actores trabajen de forma coordinada y alineada bajo un objetivo común: maximizar la eficacia de la respuesta y salvar el mayor número de vidas posible.

Seguridad y emergencias en Las Palmas: su modelo operativo. Entrevista a Aarón Martín Marrero, jefe del Servicio de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria

Aarón Martín Marrero, jefe del Servicio de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

USECIM: De cara a los próximos años, ¿cuáles serán los principales retos que deberán afrontar los servicios municipales de seguridad y emergencias?

AMM: El principal reto es adaptarse a un contexto en el que los riesgos son cada vez más complejos, interdependientes y difíciles de prever.

Hoy no hablamos solo de riesgos naturales, sino también de riesgos derivados del propio desarrollo de la sociedad: tecnológicos, sociales o económicos. A esto se suma el impacto del cambio climático, que está incrementando la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como inundaciones, olas de calor o incendios forestales.

En este escenario, los servicios municipales deben evolucionar desde un enfoque centrado en la respuesta hacia un modelo basado en la gestión integral del riesgo.

Esto implica reforzar la capacidad de anticipación, mejorar los sistemas de análisis y planificación, y avanzar hacia modelos de coordinación más flexibles e integrados, capaces de gestionar situaciones complejas con múltiples actores implicados.

Además, será necesario incorporar herramientas como la prospectiva, la evaluación continua de riesgos y el desarrollo de estrategias de resiliencia a nivel territorial.

En definitiva, el reto no es solo responder mejor a las emergencias, sino anticiparlas, reducir su impacto y adaptarse a un entorno cada vez más incierto.

OSCAR ETXEBARRIA

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