Canal de Noticias USECIM conversa con Fernando Medina Morales, profesor e investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), con motivo de la publicación del artículo “From alert to action: Social latency of citizen response to Cell Broadcast warnings during the ES-Alert drill in Gran Canaria (Spain)” en la revista International Journal of Disaster Risk Reduction.
El trabajo, firmado junto al Dr. Pablo Máyer Suárez, constituye la primera evaluación empírica de la latencia social en España, un concepto que mide el tiempo que tarda la ciudadanía en ejecutar acciones de autoprotección tras recibir una alerta en su dispositivo móvil. Este indicador, complementario a la latencia técnica, permite evaluar la efectividad real de los sistemas públicos de aviso, más allá de su capacidad tecnológica.
Publicada en una de las revistas científicas de mayor impacto en materia de gestión del riesgo, la investigación ha despertado interés internacional al aportar una metodología inédita para medir la latencia social, proponiendo su incorporación como nuevo estándar de evaluación en los sistemas de alerta temprana de Europa.
El estudio se desarrolló durante el simulacro ES-Alert celebrado en Gran Canaria en septiembre de 2024, con la participación de más de 50.000 personas. A partir del análisis de las marcas temporales de acceso a una encuesta digital enviada con la alerta, el equipo investigador determinó un tiempo medio de reacción de 1 minuto y 12 segundos, con más del 70 % de las respuestas registradas en menos de 10 minutos. Además, el 91,4 % de los participantes valoró positivamente el sistema, y se identificaron diferencias territoriales entre municipios urbanos, turísticos y rurales.
Fernando Medina
"La latencia social nos permite observar cómo la tecnología y el comportamiento humano interactúan en una situación de emergencia real o simulada. No se trata solo de cuánto tarda el mensaje en llegar, sino de cuánto tardamos en actuar. Esa diferencia puede marcar la eficacia o el fracaso de una alerta"
A lo largo de esta entrevista, el profesor Medina comparte las claves de un trabajo que abre una nueva línea de investigación sobre la comunicación del riesgo, la confianza ciudadana y la resiliencia colectiva.
USECIM: ¿Qué aporta este estudio al conocimiento sobre los sistemas de alerta temprana?
FERNANDO MEDINA: Lo más relevante es que por primera vez medimos en España la dimensión social de la respuesta ciudadana ante una alerta masiva. Hasta ahora, las evaluaciones se centraban en la latencia técnica —es decir, cuánto tarda el mensaje en llegar al dispositivo—, pero no en la reacción humana. Incorporar la latencia social nos permite tener una visión mucho más completa del proceso, y entender qué factores influyen en la rapidez y eficacia con la que las personas responden.
En definitiva, lo que proponemos es pasar de medir el rendimiento del sistema a medir la interacción entre tecnología y comportamiento humano, que es donde se decide la efectividad real de una alerta.

USECIM: ¿Qué hallazgos destacarían del simulacro de Gran Canaria?
F.M.: Los resultados fueron muy alentadores. En general, la población reaccionó con rapidez: más del 70 % respondió en menos de 10 minutos y la mediana fue de 72 segundos. Esto demuestra una alta capacidad de respuesta inicial. También observamos diferencias territoriales notables: los municipios urbanos y turísticos registraron reacciones más rápidas que las zonas rurales o del interior, probablemente por su mayor conectividad y familiaridad con las tecnologías.
El sistema obtuvo además una valoración positiva del 91,4 %, lo que indica confianza y aceptación por parte de la ciudadanía. Este dato es fundamental, porque la percepción de utilidad y la confianza en la fuente son determinantes para que las personas actúen ante una alerta.
USECIM: ¿Qué limitaciones identificaron en el estudio?
F.M.: Este primer trabajo tenía un carácter exploratorio. La principal limitación fue la falta de variables demográficas o de geolocalización exacta, ya que la localización se declaró a nivel municipal. Tampoco pudimos valorar factores como edad, género o nivel educativo. Aun así, la base de datos —unas 50.000 respuestas— nos permite tener una fotografía muy representativa.
Lo importante es que abre una línea de investigación nueva, que ya estamos ampliando con la Dirección General de Emergencias del Gobierno de Canarias para integrar variables socioculturales y territoriales. El objetivo es entender no solo cómo reacciona la gente, sino por qué reacciona de esa manera.
USECIM: ¿Qué papel juega la comunicación del riesgo en todo este proceso?
F.M.: Es un factor clave. La tecnología puede ser perfecta, pero si el mensaje no se entiende o no inspira confianza, pierde eficacia. En este sentido, la claridad, la brevedad y la acción directa son esenciales. Una alerta debe indicar de forma sencilla qué está ocurriendo y qué debe hacer la persona.
También es importante la educación previa en autoprotección. La ciudadanía debe familiarizarse con el formato y la intención del mensaje antes de una emergencia real. Esto se consigue con campañas informativas, simulacros y ejercicios de sensibilización. Al final, la confianza se construye con repetición, coherencia y transparencia.

USECIM: ¿Podría hablarse de una “brecha de acción” entre recibir y actuar?
F.M.: Sí, y es un concepto muy interesante. En el estudio observamos que, aunque la mayoría recibió la alerta, solo una parte respondió efectivamente al estímulo participando en la encuesta o adoptando medidas de autoprotección. Esa diferencia entre recepción y acción es lo que llamamos “brecha de acción”.
Reducirla es uno de los grandes retos: implica trabajar en mensajes más claros, mayor alfabetización digital y mejor percepción del riesgo. Si una persona no percibe el riesgo como real o no sabe qué hacer, no actuará, aunque reciba la alerta en segundos.
USECIM: En su opinión, ¿cómo pueden aprovechar las administraciones este tipo de datos?
F.M.: Creemos que deberían integrarse en los protocolos de evaluación operativa. Igual que se mide la latencia técnica, puede medirse la social para saber si los mensajes funcionan y cómo mejorarlos. Además, estos datos ayudan a diseñar políticas públicas más precisas, porque permiten identificar diferencias territoriales, grupos vulnerables o patrones de respuesta.
También hay un valor añadido: al hacer partícipe a la ciudadanía en la recogida de datos, se fomenta la implicación social y la confianza institucional. Es decir, las personas dejan de ser meras receptoras y se convierten en actores del sistema.
USECIM: ¿Qué papel puede desempeñar la universidad en este tipo de investigaciones aplicadas?
F.M.: Las universidades son entornos privilegiados para ensayar estrategias de comunicación del riesgo. Aglutinan a miles de personas, combinan diversidad social y tecnológica, y cuentan con la capacidad de generar conocimiento riguroso y transferible.
El entorno universitario permite simular con realismo distintos escenarios de alerta y analizar la respuesta colectiva. Además, contribuye a tender puentes entre la investigación científica y la gestión operativa. Si logramos que el conocimiento que generamos se incorpore a las políticas públicas, estaremos cumpliendo una función social de primer orden.

Latencia social media por municipio.
USECIM: ¿Hacia dónde se orientará la próxima fase de la investigación?
F.M.: Estamos trabajando en una base de datos ampliada que recoge unas 50.000 encuestas del simulacro en toda la isla, lo que permitirá analizar con más precisión variables territoriales y patrones de comportamiento.
También queremos internacionalizar la línea de investigación, comparando resultados con otros países y sistemas de alerta. Nos interesa especialmente la cooperación con equipos europeos que trabajen en modelos predictivos, inteligencia artificial aplicada y comunicación de emergencias. La meta es crear un marco común de indicadores que ayude a mejorar la eficacia y la confianza en los sistemas de alerta temprana.
CONCLUSIÓN
El trabajo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) representa un hito en la investigación sobre gestión del riesgo y comunicación de emergencias, al introducir un nuevo parámetro —la latencia social— que permite medir la capacidad real de respuesta de la población ante una amenaza.
El artículo original, publicado en inglés bajo el título “From alert to action: Social latency of citizen response to Cell Broadcast warnings during the ES-Alert drill in Gran Canaria (Spain)”, consolida la proyección internacional de este trabajo y refuerza la presencia de la ULPGC en el debate científico global sobre comunicación del riesgo y resiliencia ciudadana.
Para la Fundación USECIM y el Canal de Noticias USECIM, esta línea de investigación evidencia la importancia de integrar ciencia, tecnología y participación ciudadana en la gestión de la seguridad. La colaboración entre el ámbito académico y los profesionales de protección civil es, sin duda, el camino para avanzar hacia una sociedad más informada, resiliente y preparada.
OSCAR ETXEBARRIA
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